Jesús Valdunciel de grafitero a gran pintor oriental

La muestra cuenta con catorce lienzos de clara inspiración nipona de Jesús Valdunciel en los que utiliza el acrílico como material pictórico. Jesús Valdunciel (Madrid, 1980) es un joven pero prometedor artista que comenzó su andadura profesional tanteando con el grafiti en murales que datan de mediados de los noventa.

Con el tiempo su técnica fue depurándose, y comienza a experimentar con esos mismos materiales –acrílicos, aerosoles y otras pinturas plásticas– sobre otros soportes más tradicionales como la tabla o el lienzo. Abandona la estética urbana y pasa a explorar temáticas atávicas.

Interesado por el arte oriental antiguo en sus diferentes manifestaciones, recibe clases del profesor Jeing Ho en el estilo Sumi-e, especializándose en técnicas de dibujo en tinta china. El gusto por el detalle y la exquisitez del arte oriental acaban por acercarlo a la pintura japonesa, fuente de la cual beben directamente sus obras.

Si el arte se redujera a una serie de hilos, y estos hilos dorados se cruzaran y descruzaran, se enredaran con influencias, se desataran y anudaran con culturas, tiempos y sentimientos, la muestra Las Flores de Kyoto de Jesús Valdunciel reflejaría el caudal espiritual de los hilos que un artista posee, y su empeño por compartirlos a través de la experiencia visual de su obra.

Sus obras recuerdan vivamente a las estampas Ukiyo-e, estilo depinturaque tuvo su mayor difusión el siglo xix, coincidiendo con el aperturismo de Japón hacia Occidente. Estas estampas de la vida cotidiana tuvieron gran éxito en Europa y América, e incluso influyeron directamente sobre los pintores expresionistas y cubistas.

En el trabajo de Valdunciel podemos destacar retratos de cortesanas, de samuráis, paisajes  etc.. Escenas de un mundo placentero, hedonista y exótico para nuestros ojos, pero que al mismo tiempo, nos proyecta hacia una eternidad que es universal.

Los sutiles gestos de los retratados, delicados y con fogonazos de color que rompen con el gusto por la monocromía, nos retrotraen a maestros como Utamoru o Hiroshige. Efiges de gheisas y samurais ancestrales que encierran tradiciones aun hoy vigentes. Sus cortesanas son bellas, frágiles, casi etéreas, como armoniosas y delicadas flores que nacen y crecen bajo una esmerada educación.

Los paisajes de Valdunciel, en cambio, reflejan un acusado sentido del primer plano, al mismo tiempo que evidencian un sutil control del cromatismo, plasmando perfectamente en delicadas transparencias de la atmósfera el compás que marcan las estaciones.

Podéis ver sus obras aquí

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