Cuentos Japoneses III

 

La leyenda de Momotaro

La leyenda de Momotaro

Hace mucho tiempo, habitaban en una pequeña isla unos ogros malvados que a menudo se acercaban a las aldeas de los alrededores para robar a los lugareños. Cerca de allí vivían dos ancianitos que nunca habían podido tener hijos, algo que les provocaba tristeza y soledad.

Un día, los ancianos fueron al río a lavar la ropa y observaron que en el agua había un objeto extraño que les llamó la atención. Sorprendidos, comprobaron que era un melocotón gigante. La anciana lo sacó del agua y, de repente, el fruto comenzó a abrirse lentamente por sí solo. De su interior salió un niño pequeño que le dijo: “No os asustéis. El Dios de los cielos vio lo solos que estábais, y ha decidido enviarme para ser vuestro hijo”.

El anciano y la anciana, con gran alegría, adoptaron al niño y decidieron llamarle Momotaro (el niño melocotón).

Pasó el tiempo y, un día, cuando Momotar0 cumplió los 19 años, se acercó a sus padres adoptivos y les dijo: “Habéis sido muy generosos conmigo y para agradecéroslo he decidido ir a la isla de los ogros y acabar con ellos. Sin perder ni un segundo, el joven se puso en camino.
Durante su viaje hacia la isla, se encontró con un perro hambriento que decidió unirse a él a cambio de un poco de comida. Más adelante, se encontraron con un mono, que al conocer el motivo de su viaje también quiso unirse a ellos. Ya casi a punto de llegar a su destino, tropezaron con un faisán que también quiso acompañarles.

Al avistar la isla, los cuatro viajeros observaron que estaba fuertemente protegida y vigilada por muchos ogros. El faisán voló sobre la fortaleza y comenzó a atacar a los ogros dándoles picotazos en la cabeza. Mientras los ogros estaban distraidos, el mono se coló en la fortaleza y abrió la puerta desde dentro. Entonces, Momotaro y el perro entraron y se unieron a la lucha.

La batalla fue larga pero, finalmente, los ogros se rindieron arrodillándose a los pies de Momotaro, al que prometieron dejar de ser malvados. Para compensarle, le entregaron los tesoros que tenían guardados.
Momotaro y sus amigos animales cargaron el tesoro en la barca y regresaron a casa, donde en compañía de los dos ancianos vivieron felices y en la abundancia.

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