Japón en la 2º guerra mundial:valor y dignidad contra un enemigo sin escrúpulos

Parece mentira que una isla de tan solo 377.835km² de superficie total(la cual España tiene casi el doble con 504.645km²)armara tanto alboroto sobre el Pacífico y pusiera de los nervios a la Armada Norteamerica viendo como su enemigo acababa con todo lo que se proponía.”Una guerra sin aprensión

El 7 de diciembre de 1941 los aviones japoneses atacaron inesperadamente las islas Hawaii, destruyendo la flota norteamericana fondeada en Pearl Harbor. Tres días más tarde, los japoneses desembarcaban en Luzón, iniciando la conquista de las islas Filipinas y aniquilaban el poderío naval británico en Extermo Oriente al hundir en el golfo de Siam al acorazado Prince of Wales y el crucero pesado Repulse.

Durante 1941 las relaciones entre Estados Unidos y Japón eran tensas, sobre todo, después de que Roosvelt había congelado todos los créditos japoneses en los Estados Unidos, además de bloquear el suministro de petróleo al Japón. Sin embargo, el ataque japonés fue un grave error estratégico para el Eje, en primer lugar porque habría un nuevo frente de combate y fundamentalmente porque provocaron la entrada en la guerra de un gigante como los Estados Unidos. Hitler, que tenía a sus tropas atrapadas por el invierno ruso, en las puertas de Moscú, esperaba que los japoneses atacaran a Rusia desde Siberia para estrangularla en una operación de pinzas con el ejército alemán. Desde el punto de vista del Eje, la visión de Hitler era la acertada pero los japoneses, igual que Mussolini, desconfiaban de su aliado alemán. Si Mussolini atacó a Grecia para abrir una guerra paralela a la de Hitler, tratando de asegurase una mejor posición con respecto a un futuro ataque alemán, los japoneses atacaron a los Estados Unidos con la esperanza de que Alemania se desangrara al igual que Rusia en una guerra extensa. Una vez ganada la batalla del Pacífico, los japoneses podían liquidar a las maltrechas Alemania y Rusia dominando el mundo. La idea de Hitler hubiese generado una Alemania invencible que en un futuro cercano se dirigiría al Extremo Oriente y Japón nada podría hacer. En ese sentido los japoneses estuvieron acertados pero la alianza militar del Eje se reveló una farsa. Japón e Italia desconfiaban de Alemania y Alemania a su vez desconfiaba de los japoneses. Italia militarmente no contaba para nada y Japón tenía planes muy distintos a los de Hitler.Una flota japonesa compuesta por seis portaaviones, dos acorazados, tres cruceros, 16 destructores y varios submarinos llegó a las islas Hawai y lanzó 370 aviones contra Pearl Harbor y las bases circundantes. Las pérdidas americanas fueron enormes: las unidades aéreas del ejército y de la marina quedaron diezmadas y la flota del Pacífico prácticamente destruida. Sólo se salvaron tres portaaviones, que en el momento del ataque estaban navegando. En tres semanas los japoneses ocuparon Siam, las islas Gilbert y Ellice, Guam, Wake y Hong Kong, e iniciaron la conquista de Malasia, Borneo y Filipinas; seguidamente fue el turno de Birmania, Nueva Guinea y las islas Salomón. la flota británica en el Pacífico también quedó destruida.

Japón, una potencia militar que no había perdido una guerra en tres mil años, se enfrentaba a los Estados Unidos y Gran Bretaña en una lucha sin cuartel que culminaría con dos bombas atómicas sobre la población civil de Japón.


Después del ataque a Pearl Harbor, en apenas tres semanas los japoneses ocuparon Siam, las islas Gilbert y Ellice, Guam, Wake y Hong Kong, e iniciaron la conquista de Malasia, Borneo y Filipinas; seguidamente fue el turno de Birmania, Nueva Guinea y las islas Salomón. La flota británica en el Pacífico también quedó destruida. En marzo de 1942, el general Douglas MacArthur, comandante en jefe de las fuerzas norteamericanas en Extermo Oriente, hubo de abandonar la isla de Corregidor y trasladarse a Australia, donde asumió el mando de las fuerzas aliadas en el Pacífico sudoccidental. En mayo los japoneses completaron la conquista de Birmania y de las islas Filipinas y en Nueva Guinea se dirigieron a Port Moresby, pero fueron rechazados en la batalla aeronaval del Mar del Coral. En junio una potente escuadra japonesa, que tenía como objetivo la conquista de Midway ( base estratégica norteamericana en el Pacífico central) fue interceptada a la altura del atolón por aviones estadounidenses que en reiterados ataques hundieron cuatro portaaviones.

A continuación, los japoneses renovaron sus esfuerzos para conquistar Port Moresby, pero los norteamericanos desencadenaron dos ataques, contra las islas Salomón y Nueva Guinea, fijándose como objetivo final la conquista de Rabaul. En las Salomón la ofensiva americana empezó el 7 de agosto de 1942, con el desembarco en Guadalcanal, de notable importancia en el plano táctico y estratégico, ya que permitió instalar en la isla considerables fuerzas aéreas estableciendo las bases para el predominio aéreo. En 1942 las esperanzas japonesas de nuevas conquistas quedaron frustradas por la batalla de Midway, pero el cambio de situación en el Pacífico sólo se podía lograr mediante la ocupación completa de las islas.

En 1943 el ritmo de las operaciones norteamericanas se mantuvo lento debido a la necesidad de construir y concentrar unidades tácticas aeronavales y tropas anfibias. Los norteamericanos junto a los australianos reconquistaron Nueva Guinea y luego Makin, Apamama y Tarawa en el archipiélago de las Gilberts durante sangrientas batallas.

A comienzos de 1944 las fuerzas de desembarco del almirante Nimitz, explotando su superioridad aérea, naval y terrestre sobre los japoneses, conquistaron las islas Marshall, Carolina y Marianas. Estas islas serían las bases de los potentes B-29, destinados al bombardeo del Japón. En el Pacífico sudoccidental las divisiones anfibias de MacArthur conquistaron las Salomón y las islas del Almirantazgo y se aseguraron el control de la costa septentrional de Nueva Guinea.

El 20 de octubre comenzó el ataque a las Filipinas, con el desembarco en Leyte y la ardua batalla para la conquista de la isla. Las fuerzas conjuntas de MacArthur y de Nimitz estuvieron protegidas durante el desembarco en Filipinas por la flota más poderosa jamás vista en el Pacífico. La marina japonesa, no obstante, salió decidida a jugarse todas sus cartas en las aguas de la isla de Leyte, con una lucha a muerte que duró 2 días(24-25 de octubre).La flota japonesa sufrió una destrucción total, a pesar del empleo, por primera vez de los Kamikazes o pilotos suicidas.

El 9 de enero de 1945 los aliados desembarcaron en Luzón donde se registraron sangrientos combates con altas pérdidas por ambas partes.

El 3 de marzo caía Manila pero en la parte norte de la isla los japoneses resistieron con bravura. El 19 de febrero se inició el desembarco aliado en Iwo Jima, tratando de vulnerar las defensas de la metrópoli nipona. La batalla de Iwo Jima fue la más sangrienta de las batallas libradas en el Pacífico : los japoneses habían convertido a la isla en una verdadera fortaleza sobre la que tuvo poco efecto el previo bombardeo al desembarco. La lucha, encarnizada y sangrienta, duró 36 días de combate, durante los cuales los norteamericanos perdieron 6.000 hombres y los japoneses sufrieron la baja de 20.000 soldados. El 1 de abril los norteamericanos desembarcan en Okinawa, donde deben enfrentarse a los terribles Kamikazes que hundieron numerosas embarcaciones enemigas. Pero en dichas operaciones los japoneses perdieron su mejor acorazado, el Yamato que fue hundido por la aviación norteamericana. En el continente, los ingleses tras abrir la ruta de Birmania, conquistaron Akyab, Ramree, Mandalay, Meiktila y Rangún( 3 de mayo).La situación era cada vez más dramática para los japoneses pero éstos seguían ofreciendo una resistencia encarnizada. Los aliados tenían que conquistar casa por casa, hombre por hombre ya que los japoneses no se rendían ni aún estando desarmados.

El malvado Harry Truman

El 5 de abril de 1945 la Unión Soviética denunció su tratado de neutralidad con Tokio, pero aplazó la intervención armada. Stalin, una vez más, demostraba su viveza. A pesar de tener a sus tropas a disposición por el derrumbe de Alemania, Stalin prefería que los norteamericanos siguieran combatiendo, que se desangraran, que gastaran todas sus fuerzas en el Pacífico, así luego el podría sentarse mejor en la mesa de negociaciones. Esta vez era la perversidad de Stalin sirviendo a los intereses de su país. Desde Potsdam, los aliados le lanzaron a Japón un ultimátum riguroso que exigía la rendición sin condiciones. Tokio rechazó el ultimátum. Entonces el presidente norteamericano Harry Truman decidió ser más perverso que Stalin ordenando lanzar la bomba atómica sobre la población civil de Japón. Era la mejor manera de ahorrar hombres y medios y asimismo serviría para apisonar a Stalin con respecto a sus futuras pretensiones. Evidentemente Truman no pensó o no le interesaba la suerte de la población civil japonesa. El 6 de agosto se lanzó la primera bomba sobre Hiroshima, que quedó arrasada. Dos días después, un Stalin perplejo declaró la guerra al Japón y el ejército rojo penetró en Manchukuo y en Corea. A pesar del desastre, los japoneses no se rendían y seguirían luchando hasta las últimas consecuencias, pero el 9 de agosto otra bomba atómica fue lanzada sobre la población de Nagasaki, provocando otras miles de víctimas y entonces Tokio tuvo que anunciar sus propósitos de rendición. El 15 de agosto, el emperador japonés anunció por radio el término de la guerra pidiéndole al pueblo que aceptase la voluntad imperial. El 2 de septiembre, a bordo del acorazado norteamericano Missouri, se firmó el documento de la rendición incondicional del Japón. Por primera vez en tres mil años, Japón perdía una guerra pero lo hacía de la manera más digna. Si bien su situación militar era muy complicada antes de Hiroshima, los japoneses estaban dispuestos a pelear hasta las últimas consecuencias en una prueba de valor que sólo es comparable a la que tuvo el pueblo alemán. El genocidio norteamericano provocado en Hiroshima y Nagasaki no le dio a los japoneses la posibilidad de seguir peleando, pero ganó otra guerra: la guerra del valor y la dignidad contra un enemigo sin escrúpulos. Mientras tanto, en el continente asiático la aviación norteamericana servía de apoyo a las fuerzas armadas chinas a la vez que los británicos rechazaban una ofensiva japonesa en Imphal, en la frontera indo-birmana. En agosto se abrió la ruta de Birmania, haciendo así más fácil el envío de abastecimientos a las tropas chinas de Chiang Kai-Shek.

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