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Limpieza de orejas y volver a la infancia

Para mí un masaje o que me anden en la oreja es un gusto increíble al que no puedo evitar dormirme en el más profundo “Nirvana”

¡Salones dedicados a limpiarte las orejas! ¡Fabuloso!

Para los japoneses la limpieza del oído Asociado con su infancia y muchos de ellos están dispuestos a pagar para volver a esos días despreocupados aunque sólo sea por unos minutos. Eso es lo que hace que la limpieza del oído, los salones de uno de los negocios más populares en Japón, en estos momentos.

Tres de cada cuatro clientes dicen que es tan relajante que en realidad se queda uno dormido, durante el tratamiento las mujeres encargadas de la limpieza, usan kimono y cotonetes desinfectados para-excavar la cera de sus oídos, con suma delicadeza mientras escucha música de ambiente o en los descansos se puede tomar un te de hiervas.
A ver cuando Instalan este fabuloso servicio en España,no es mala idea ¿verdad?

Cuentos japoneses (II)

Las sandalias mágicas de madera

 

sandalias japonesas

Hace mucho tiempo, vivía en una pequeña aldea de Japón una mujer con su hijo. Ella estaba muy enferma y para curarse necesitaba unos medicamentos que no podía pagar.

Su hijo, dispuesto a ayudar, le pidió el dinero al hombre más rico del pueblo y prometió devolvérselo en unas semanas pero, por más que trabajaba, le era imposible saldar su deuda.  El joven fue a pedirle más tiempo al ricachón, y este se enfadó y le dijo: “¡No vuelvas por aquí hasta que tengas todo el dinero!”

El chico, sin saber qué hacer, fue a dar un paseo por el bosque cuando de repente se encontró con un misterioso anciano en mitad del camino, que le dijo: “¿te importa que camine contigo?… “quiero contarte algo”.

Al cabo de un tiempo, cuando se disponía a despedirse, el anciano le dijo al joven:
“Estás pasando por una situación difícil, ¿verdad?. Toma estas sandalias de madera, cálzatelas y tropieza con ellas, ya verás lo que sucede.”
El chico, extrañado, se calzó las sandalias y tropezó con ellas y, ante su sorpresa, al instante comenzó a brotar de la nada un montón de dinero. ”Puedes repetir esto varias veces, pero si tropiezas demasiado, empezarás a encoger. Ten mucho cuidado”, le dijo el viejo.

El joven volvió a casa, se calzó las sandalias y tropezó, y de nuevo empezó a brotar dinero. Tras repetirlo algunas veces, reunió suficiente dinero como para poder curar a su madre y devolver el préstamo. Entonces, recordó las palabras del anciano y dejó de utilizar las sandalias.

Cuando fue a devolver su préstamo, el rico señor quiso saber cómo había conseguido tanto dinero, y el joven le contó la historia de las sandalias mágicas. El señor insistió en que se las prestara, y el joven accedió.

El millonario se calzó las sandalias y se dirigió a la habitación contigua, desde donde empezó a oirse el incesante ruido de las caídas, acompañado del sonido de las monedas. Pero al cabo de un tiempo, ya sólo se oía este último sonido.

El joven, extrañado, se asomó para ver qué sucedía. Allí, sentado, en lo alto de una enorme montaña de dinero, estaba el rico señor convertido en un ser diminuto, como castigo a su avaricia.

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